
demasiada conmiseración y en un segundo arrojarían al niño negro de su lado porque huele a hambre
y mira como un orate inocente
demasiada ternura como en una patética función de circo donde todos aplauden
y en el ojal del cariño, se balancea la nada
la nada desnuda sin misterio
escapo de la nada, escapo de los buitres
en este interludio de días hoscos
te miro y canto sujetando mis cuadernos y lapiceros
ven mi dulce chica, iré a África y te traeré polvo dorado de alguna ciudad
y canciones suaves como en los tiempos de los pájaros brillantes
ven y recuéstate en mí, conmigo no hay mentiras.